El Horóscopo Chino
Sábado, Marzo 29th, 2008 
Foto: dhammza
Fue una tarde, cuando tenía ocho años, que una tía le dijo que había nacido en el año de la serpiente y que como tal habría de comportarse. Le explicó a medida que pasaban los años, la influencia que tendría contando con el don de la sabiduría, que le resultaría fácil acomodarse al papel que le había tocado en la vida. Sería discreto y frío para los negocios por lo que, al abstenerse de sentimentalismos no tendría problemas económicos y si tuviese algún quebranto en seguida lo solucionaría. Así fue como comenzó a leer todo lo que lo influenciaba ser una serpiente, volviéndose egoísta y presuntuoso, tacaño y agrio con sus amigos y aislado en los afecto y frío como el horóscopo lo describía. Por lo que sabía de su animal que lo representaba no entraba en oficios de alto riesgo, mostrándose perezoso en cuanto a trabajo se refería, en cambio era astuto y dominador para descubrir los engaños, percepción que le producían celos terribles con consecuencias que lo llevaban al límite de la agresividad. Fue entonces que un especialista recién llegado de China le advirtió que en realidad había nacido en el año del caballo y lo describió en la consulta como un ser optimista, comunicativo y sociable y que lejos de seguir consejos ajenos se mostraba terco y hacía lo que le venía en ganas. El chino le dijo que desconocía el rencor y que en ocasiones se impacientaba por su fuerte temperamento y carácter apasionado y que solía arrepentirse de lo que decía cuando se sentía injuriado. Debil con las mujeres se entregaba plenamente al amor. Él hombre, que ya había dejado de ser un joven, se levantó violentamente y le dijo que el costo de su consulta era un engaño porque en nada se parecía su descripción de él a lo que había sido y vivido. Él era una serpiente y ahora descubría que era un caballo. Cómo haría para vivir coherentemente con sus verdaderas influencias del signo y el chino le contestó que no olvidase que el suceso de un oráculo podía convertirse en el oráculo de un suceso. Había vivido como creía que debía hacerlo y no como lo sentía. Si se encontraba dispuesto a reconocerlo él podía ayudarlo a dos veces por semana, en una sesión de una hora.
Nuestro héroe le dio un puñetazo, se retiró indignado y jamás volvió a interesarse en el horóscopo chino.

