Tratar este tema es parecido a un ensayo sobre el “hipo”, ese espasmo diafragmático, inocuo, sin mayores consecuencias, pero tan molesto. Puede ser tomado a risa, incluso un sexólogo astuto, indagará en el problema que podría tener el autor de esta nota. Pero antes de la crítica y de escuchar su bienintencionadas razones para masturbarse o que se masturben sin compañía, permítanme estos comentarios, cuyo rigor científico sólo procede de la observación clínica y la reflexión, y no tiene otra intención que aliviar de una práctica que no alivia, por más bien recomendada y estimulada que esté.
Masturbarse en la adolescencia es una práctica común de vaciar los canales espermáticos en un estado en que la pasión hormonal se regula por la urgencia y no es fácil encontrar partenaire. Pero en el momento en que se ha superado esta etapa y entrado al mundo del otro, debería ser evitada como sucede con la leche materna, cuando aparece la dentición. El mito de la urgencia masculina puebla con sus convicciones a adultos avasalladores para quienes el tiempo y la negativa de las mujeres son un lujo que no debieran darse. La masturbación es una expresión de una conducta ansiosa y compulsiva que si tuviese la motivación de descargar la calentura sería menos grave que siendo usada como somnífero y juegos del aburrimiento. Hay algo de desesperanza, de incapacidad de sostener la tensión hasta llegar al objetivo, de comodidad y con un final desesperado en la soledad. La práctica solitaria debiera abandonarse en la edad adulta. No hay fecha para ello, se puede ir dejándola en los tiempos posibles de maduración, porque lo que hace es prolongar la etapa genital narcicística que fomenta la idea de que al mundo basta imaginarlo para tenerlo.
Hablaré de la masturbación masculina, porque la sexualidad femenina es muy distinta y la verdad que de ello no entiendo nada, salvo por lo que me contaron. De todas maneras sostener el deseo hasta que se deposita donde se desea y no se derrama en una experiencia para nada consoladora, mueve los resortes para que el encuentro se realice lo antes posible.
Uno puede darse a si mismo bienestar y no es poco, pero la felicidad debe ser proveída por otro. Si se es feliz solo, se está bastante alienado. Si no se necesita de otro, si se autosatisface, si ese otro que transmite rayos ultravioletas e infrarrojos, calor y luz, corporeidad, presencia, caricias es reemplazado por un mismo con la cuenca de una mano, ese otro tiene como sujeto, muy poco valor. Es una belleza de calendario de gomería, de celuloide, de fría pantalla de TV, pero lo cierto es que no existe.
Si al menos se pudiese decir que tal práctica satisface, tendría mejores razones para reemplazar un encuentro sexual que es lo único en esta vida que necesita dos personas para completarse y yo agregaría no más de dos. Pero es un gusto personal más allá de alguna fantasía.
El acto masturbatorio genital o no, implica que este mundo basta imaginarlo para doblegarlo. Tener una fantasía sexual masturbatoria con una persona que no desea hacerlo con uno es importarle un bledo lo que esa persona desea y violentarla en un acto privado sin hacer nada para procurarse hacerle cambiar de idea. Es demasiado fácil el universo de las posibilidades masturbatorias. El mundo es tal cual se lo vislumbra que es y no necesita confrontarlo con nadie. Es un acto de apropiación de la intimidad, la idea, la conciencia de otro que no tiene interés en participar, ni se lo propusieron. Si los hombres supiesen el desencanto y la frustración que les produce a las mujeres descubrirlos en un acto onanista, al menos cerrarían la puerta del baño con llave y sus adicciones cibervoyeristas que suelen reemplazar al otro que duerme en la cama grande, debieran ser más reservadas. Es un acto más patético que una fantasía homosexual (de alguien que no se decidió aún, porque en el fondo si lo es y no lo declara) Práctica recomendada para violadores no solo del cuerpo sino de las ideas y de los sometedores y tiranos que poco les importa si el otro quiere, cuando él lo quiere y cómo lo quiere.-
¿Parece una exageración, verdad? Porque es la fantasía de posesión de un cuerpo, como si no fuese ya, de por sí, tan valioso. Pero si lo desea, lleve éste comentario al terreno de los pensamientos y las decisiones. ¿No es acaso un acto de violencia imaginar que se puede someter una entusiasmo al arbitrio de uno solo? ¿No forma esa conducta parte de tiranos, dictadores, psicópatas, aunque los términos redunden? Masturbarse no es rumiar, es pasar a la actuación con lo que se tiene al alcance de la mano o como dice Woody Allen, “hacer el amor con quien uno más quiere” y yo agregaría: con el único que quiere y sin haber podido todavía entrar al mundo del otro, ese ser “sagrado” difícil de conquistar pero si se lo consigue viene con un premio inmejorable.